GRANDES MALES DE LA HUMANIDAD: “NO PUEDO HACER NADA”

Posted on October 22, 2013

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A que jode eso de que te digan lo siento, no puedo hacer nada? O peor aún, que no te lo digan, que sólo se crucen de brazos. Pues verás…

…con esto de que a uno le ha dado por el transporte público y la reducción de emisiones de ceodós y esas cosas, voy y opto por el tren de cercanías para llegarme hasta Madrizzz.

Todo tiene buena pinta, hasta el momento de sacar el billete. Como tengo por norma no escrita andar por ahí sin dinero en efectivo (me resulta igual de absurdo que llevar una bolsa de cuero llena de doblones en el cinturón), me dirijo con toda mi buena fe a las máquinas que aceptan como contrapartida la tarjeta de débito.

Todas la rechazan so pretexto de un fallo del plástico en cuestión. Pero hete aquí que una, tal vez más honesta o mejor programada que las demás, confiesa el verdadero motivo: falta de conexión.

Me dirijo hasta la ventanilla tras la cual se parapeta la correspondiente empleada de “la renfe” (es una de esas compañías que en mi pueblo van con artículo delante, como la coca cola o la seat) y le expongo mi caso. Su respuesta? La tienes más arriba.

Me parece increíble que haya personas que trabajen en una compañía y no entiendan que si el cliente no recibe el servicio que espera (y al que tiene derecho) es tan cosa suya como de cualquiera.

Vivimos en un mundo plagado de es que se ha caído el sistema, eso es cosa del departamento de (ponga aquí su departamento favorito), a mí no me diga nada yo hago lo que me dicen, hable usted con… Podría seguir ad aeternum.

No sólo pasa con los clientes externos, claro. También con los internos. Pasa en casa, en los colegios, en los hospitales, en las guerras, en las injusticias…

Vivimos en un mundo en el que nos basta una excusa para lavarnos las manos, en el que un no puedo hacer nada nos salva de intentar de verdad hacer algo.

No se trata de buscar una excusa para no hacerlo, sino de encontrar el “cómo sí” del que me habla siempre Jesus Frej. Hoy le doy la razón más que nunca.

He sido cajero de banco (bueno, de una cosa que había antes que se llamaban cajas de ahorros), quiosquero, profesor, periodista y más cosas en mi vida y siempre he intentado por todos los medios dar una respuesta satisfactoria a un cliente. Nunca me ha servido el no es culpa mía. Tal vez por eso me cuesta tanto entenderlo.