EL PLANTÍO

Posted on November 26, 2013

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Madrizzz se acaba por todas partes, como buena isla mesetaria que es. Se acaba por el norte y por el sur. Por el este le cuesta más, es como que agonizara largo y tendido. Y por el oeste?

Por el oeste, madrizzz se peina una raya al lado antigua y fascista, engominada y un tanto al margen de un presente que ni es el suyo, ni le importa.

Es El Plantío, último reducto de unos galos que se niegan a aceptar un mundo de rascacielos y perros que cagan en la a aceras. Aquí todo es tamaño bonsai y verde como era mi valle.

El tiempo recorre la avenida victoria [a la que le han tachado el de la para disimular] más despacio que en otros sitios. Por todas partes hay carteles con nombres sugerentes de lugares como el chaparral [asociado en mi mente de forma inexorable a un fuerte de comansi] o la florida, cuna del pijerío de verdad, el de casta, no el comprado en serrano con ortega y gasset.

Un poco más allá, separado por poco menos de un bosquecillo y cuatro docenas de ciervos, viven los reyes, espejo en el que se han mirado durante décadas generaciones de practicantes del dolce far niente, mayoría absoluta en esta zona.

El Plantío fue lugar de vacaciones más que de vida, hasta que algunos quisieron huir del ruido, según ellos, y de los pobres, según otros. Aquí el dinero no brota en forma de lambos o verjas de cinco metros. Total, no hay nada que esconder, todo el mundo sabe qué se guarda en las bodegas de las casitas bajas [hotelitos los siguen llamando los más mayores].

Los aparcacoches se quitan el frío a base de pataletas a la puerta de restaurantes en los que se alternan los currelas y oficinistas de diario, con los visones [aquí todavía se llevan] y los alfileres de corbata [o sea, también] de los domingos después de la misa en una iglesia mimetizada con el resto del entorno.

A su alrededor se arraciman los wannabees de aravaca y valdemarín, que se quedan mirando desde la patera de los sueños el continente al que nunca llegarán.

La cuesta de las perdices, denominación borrada por la erosión de la modernidad de tres carriles, lo parte en dos mitades. Y, como siempre, los de acá dicen que son los otros quienes están en el lado oscuro de la carretera.

El Plantío, guardado en su estuche de terciopelo, cual camafeo sin heredar, se apolilla sin saberlo. Sigue siendo bello, pero vaya usted a saber por cuánto tiempo.

Posted in: MADRID