POR QUÉ FIRMAMOS LOS CORREOS ELECTRÓNICOS?

Posted on December 3, 2013

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Aquí me ando [sin saber lo q’hago, decía mi abuelo], dándole vueltas a una de esas preguntas estúpidas que me obsesionan a veces. Por qué firmamos los correos electrónicos? Es absurdo, no?

O sea, en primer lugar, el correo me llega de tu dirección, sé quién eres. Salvo que seas de los que se ponen estupideces tipo flordelis_71. Reconozcámoslo, ya no estás en edad. Claro, antes firmábamos las cartas, porque si no, no sabías quién la mandaba, salvo que hubiese puesto el remite [no se decía remitente, sólo remite. Se ve que era más cool], cosa que no hacía nadie. Y, aun así, eso te hubiera obligado a guardar el sobre [idiotez reservada a los enamorados, condición indisociable a la estulticia].

Pero, de verdad, en los correos electrónicos? Si además la mayoría de la gente la tiene automática… Un abrazo, Pepito. Yo, en mi condición de mongolo, la escribo cada vez. Que es mucho peor! Un abrazo, Pachi. Cada correo. Si tienes en cuenta que envío unos cincuenta o sesenta al día, imagínate la de veces que lo habré tecleado en los últimos años.

Y, además, abrazos que -seamos sinceros- tampoco son tales. A ver, que yo no voy dando abrazos por ahí a la gente [y eso que soy de abrazar bastante]. Te imaginas llegar a una reunión y abrazar a todo el mundo? Bueno, a lo mejor nos iba bien y todo.

Desde aquí, hago un llamamiento a eliminar las firmas de los correos electrónicos, los besos en presentaciones y reuniones profesionales [en esto los anglosajones nos llevan ventaja] y, por supuesto, los abrazos salvo con la familia y amigos.

He dicho.

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