CONTRA SI MISMO

Posted on December 4, 2013

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Lo veo llegar cada mediodía que me salto la comida en pro del gimnasio. Sonrío al verlo, porque desde hace unas semanas, no usa ya la silla de ruedas.

Sus piernas son un revoltijo inconexo. El pie derecho apunta a un techo invisible, situado justo sobre su nuca. Pareciera que le empujase hacia abajo una fuerza de la gravedad multiplicada por cien. Newton se equivocaba.

Farfulla y espanta con las manos millones de moscas que sólo el ve. Luego se muerde el meñique pero al tresbolillo, por la vía más difícil, como un buen montañero. Cara norte en plena ventisca.

Se parece sorprendentemente a leo di caprio en el papel de hermano de gilbert grape. Quizá es sólo que me lo recuerdan sus gestos, el pelo rubio y los ojos claros.

Y se ríe. Se ríe sin parar. Todo parece hacerle gracia. Incluso cuando se tira al suelo y se niega a caminar, se le escapan las carcajadas.

Es bromista, gamberro, cabezota y un poco enfurruñado cuando le da la gana. Como cualquier chico de su edad.

Me ve y levanta la mano izquierda para un high five que es un suplicio para él. También puede que lo sea sólo para mí y proyecto.

Me hace un gesto para que me agache y poderme acariciar la barba. Le llama mucho la atención. Tanto, que no me hace ni caso cuando le hablo, sólo le preocupa volver a pasarme los dedos por la barbilla. Y se vuelve a reír. Más fuerte todavía cuando finjo afeitarme. No se puede controlar.

Le echo mi charla particular. Que si tiene que trabajar para ponerse fuerte y todo el rollo. Gruñe y niega con la cabeza. Decir no también es de las cosas que más le gustan.

Luego lo dejo en manos de su cuidadora. Me dice adiós con su mano dibujada por moebius. Aún tardará un rato en marcharse, porque hoy le ha dado por tirarse otra vez al suelo y no querer caminar.

Admiro su lucha contra sí mismo. Ojalá fuese incansable, pero al verle el sudor que le corre por el cuello, queda claro que no lo es. Y por eso lo admiro más. Estoy seguro de que no se rendirá nunca.

No sé cómo se llama. Por alguna extraña razón, no quiero que me lo diga nadie que no sea él mismo. Tal vez algún día sea capaz.

A veces, merece la pena saltarse la comida sólo por verlo y escuchar su risa.

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