DOS NÚMEROS

Posted on February 11, 2014

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La infancia se esconde entre los dos números de una línea de autobús, cuando esperabas, agarrado de la mano de tu padre -alguna ventaja tenía que traer ser el pequeño- y se giraba y preguntaba aquello de el 51 o el 52?

A ti te daba igual, porque el viaje en autobús era lo importante. Aunque preferías el 51, que tenía una plataforma que giraba al revés en las curvas.

Luego veías al abuelo, al que llevaba un misal bajo el brazo, en lugar de al revés. Unos años más tarde reconocerías la misma imagen en tu padre. La misma nariz aguileña recortada contra el blanco del altar iluminado por las velas. Los mismos ojos absortos. La misma sonrisa al acerarte a él para darle un beso en la paz, la misma manera de girar el misal para que pudieras leer con él o, simplemente, de dejarlo en tus manos con una caricia en el pelo. Una caricia de manos duras y ásperas, de dedos retorcidos.

Luego, cada semana las mismas bromas. Por esa calle no podemos pasar [Rompelanzas]. La más larga de España [me temo que no recuerdo el nombre. Pero entrabas por Cádiz y salías por Ferrol o algo así]. Y nos seguían haciendo gracia, porque los niños son así.

El autobús traía y llevaba sueños de fin de semana, de calles del centro, de puerta del sol, de iglesia del Carmen. Y, como una bandera, la gabardina ondeando al viento, el manto protector bajo el cual no existía el mal ni el peligro.

Sólo dos números. Y hoy, desde la distancia, una bofetada de infancia, de tiempo perdido, de añoranza y de ganas de volver a esperar en la parada, de sentarse otra vez en aquella plataforma giratoria, brújula descabalada, sentir su mano agarrando la mía y saber que nada malo podía pasar en aquel viaje.

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