GUIAS MONOPARENTALES: LA CARRETERA

Posted on April 23, 2014

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La vida en la carretera es cosa shunga, ya lo dijo el dios del rocanrol, miguel ríos. Pero lo suyo era un poroto, comparado con lo que vivimos los monoparentales. Que llega la semana santa y, como eres tonto del culo y no espabilas, sueltas la gilipollez esa de venga, total, si el dinero es para disfrutarlo. Y te vas a la playa. Y no, que no es eso.

A ver. Lo del dinero es lo de menos. Es lo que decía, que la vida en la carretera para un monoparental es una forma moderna de tortura que debería estar terminantemente prohibida por ley.

Para empezar, tienes que madrugar, que ya de por sí es feo. No para salir temprano [esa opción en el mundo monoparental no se maneja, porque además es como de mal gusto], sino para hacer las cosas. Porque mucho decir que ibas a hacer la maleta con tiempo y… como siempre.

Así que, al alba estás echando cosas a lo loco, sin pensar demasiado. Pero, el equipaje es llevadero, dentro de lo que cabe. Si algo tiene la vida moderna, es que en cualquier sitio se puede comprar una camiseta blanca [la experiencia me ha demostrado que esta afirmación es optimista hasta el extremo, habida cuenta que en amplias zonas de la comunidad valenciana -equivalente en superficie y población a un noventa y nueve coma nueve por ciento- sólo se expenden prendas con tirantes -hombres del mundo, por favor, asumidlo: haber ido dos veces al gimnasio no hace que te quede bien una camiseta de tirantes; haber ido toda la vida, tampoco; las camisetas de tirantes sólo les quedan bien a las mujeres y a muy pocas de ellas, la verdad- o equipaciones de clubes de fútbol -de hecho, la segunda, la de jugar de visitante, que es más barata hasta de imitación-]. No, lo malo no es la maleta, es lo otro…

Hay un principio cósmico que dice: todo ser humano insertado en un vehículo en movimiento por una calzada interprovincial experimenta un incremento en el vacío estomacal directamente proporcional al número de kilómetros del desplazamiento e inversamente proporcional a la bondad nutricional de los alimentos ingeridos. Vamos, que te pones gocho de guarrerías. A la altura de rivas ya te has metido para el cuerpo medio kilo de lacasitos y estás abriendo los fritos barbacoa [hay quien hasta los mezcla]. Por qué? No lo sé, pregunten a los médicos.

Por eso, por la mañana, después de meter cosas en una maleta [que eso no es hacerla, es sólo son capaces de conseguirlo las mujeres, que vienen con un gen de más que las habilita para ello], te has currado tu bolsa para picar, o bolsus picatus, si quieres su nombre científico. Porque de comprar patatas, fritos, donuts, lacasitos, shushes rajoyeras variadas, chicles de canela [fundamentales] y cualquier alimento susceptible de derretirse, sí te has acordado. De eso sí. Por supuesto. Así que, te montas en el coche con una tonelada de grasas polisaturadas y azúcares al lado. Vamos, como cuando estabas casado, pero sin que dé el coñazo. Mucho mejor por esa parte.

Y no sólo eso. Además, como eres un padre de los que no quedan, a las siete de la mañana estabas friendo cinta de lomo como un campeón. Y por qué cinta de lomo? Porque es repugnante. Es abrir en la cocina el paquete [es crítico que sea mala, la peor posible. La de mercadona, por ejemplo] y se muere el ficus del salón en dos segundos.

Un monoparental reparte bocatas de cinta de lomo para siete en un coche y con la otra mano es capaz de ponerle el juego de injustice en el móvil al niño sin mirar la pantalla. Y por el camino, cambia la música y programa el gepeese. Yo he llegado a darle fideuá a mi hijo en pleno viaje. Cero problemas.

Luego está lo de a qué jugamos, claro. Porque las horas dan para mucho y en la carretera la diversión dura menos que el programa de berto. Olvida el veo veo y esas chorradas. El entretenimiento definitivo es adivina el personaje. Tú piensas un personaje y, a base de preguntas, lo tienen que adivinar. Lo bueno es que nunca es el que digan, claro. Lo vas cambiando sobre la marcha en tu mente. Es una mujer? Sí. Y al rato: una pista, tiene barba. Pero si has dicho que era una mujer… Ya sabes, tú eres el padre, tu palabra es ley: no, perdona, he dicho que NO era una mujer. Y te quedas tan campante.

Eso sí, si te diesen un euro por cada vez que escuchas la preguntita de cuánto queda… Te comprabas dubai entero.

Por fin llegas al destino. Pero eso no significa que haya terminado el baile. Quedan muchas vacaciones por delante.