GUÍAS MONOPARENTALES: SOMBRILLAS

Posted on April 24, 2014

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A ver, tú te vas a la playa alegremente en Semana Santa y te piensas que todo el monte es orégano. Pero resulta que cuando llevas un ratico sumido en la contemplación del suave verdeazul del mar, notas que los niños desprenden un extraño brillo , como si de ectoplasmas se tratase. Y te dispones a llamar a Iker. Pero, tras observarlo durante unos segundos, te percatas de que lo que sucede es que se están asando a fuego lento.

Tu primera reacción es untarlos en ali-oli y venderlos por raciones a los turistas. Pero, como estaría feo, te acercas al supermercado más cercano [en los supermercados de playa sí que hay de todo y no en los chinos. Tenéis pilas de petaca? -que eso ya no lo hay en ningún sitio, ni en el trastero de La Mamma-. Por supuesto. Tenéis bombillas de vela con rosca mignon -esto no es que no lo haya, es que la gente no sabe ni qué repámpanos es-. Faltaría más. De hecho, tenemos una pila de petaca con forma de bombilla de vela con rosca mignon y radio incorporada -porque en los supermercados de playa, todo lleva radio incorporada-] y te haces con ese archiperre consustancial a la España cañí desde los polos de desarrollo hasta el presente [tanto es así, que es lo único que permanece incombustible en todas las temporadas de cuéntame]: la sombrilla.

La sombrilla hubo de ser inventada bien por una mujer con mala leche [de Bilbao o alrededores muy probablemente], bien por un hombre con una grave lesión cerebral.

Está calculada para no caber en ningún maletero de coche, salvo en posición decúbito supino en plano inclinado. Lo cual te obliga a dejar fuera tres maletas, que van a parar, indefectiblemente, a los pies de los niños o ancianos arracimados con más o menos presión en el interior del vehículo.

Pero eso no es lo shungo. Lo shungo de verdad es clavarla. O sea, esto es una cosa de profesionales. Yo he visto a tipos [se los reconoce por que la camiseta les llega -por la parte frontal- a la altura de las rodillas, pese a llevarla remetida por bajo el traje de baño; lo cual no parece suponer merma en su agilidad para determinadas tareas, tales cuales la aquí especificada] plantar su sombrilla en dos segundos y permanecer ésta firme ante vientos huracanados de unos doscientos nudos [lo que quiera que eso signifique]. Y tú te tiras una mañana entera dale que te pego al agujerito de marras [no pienses mal, mente sucia!] y nada de nada [bueno, en este punto no me extraña que pienses mal]. Que la dejas ahí puesta, todo satisfecho y pasa un abuelo con taca taca y del rebufo se va al suelo [la hamaca, no el miembro del colectivo de persona mayores].

Claro, los niños se escarallan de ti. Y con razón. Pero tú, inasequible al desaliento, que no, que es que esta sombrilla que me han vendido tiene la punta mellada, es que ya no las hacen como antes.

Terminas por recogerla al grito de ahora ya el sol está bajo y no hace daño. Y te escaqueas con cualquier excusa otra vez al supermercado a por aftersún [se pronuncia así], que es donde te dan el clavo, porque en los supermercados de playa el aftersún es más caro que las angulas con caviar.

De vuelta a madrizzzzzz, te cagas en los muertos del que la inventó y la tiras a la basura. Papá, por qué la tiras? Pues porque está mal, no veías que se caía todo el tiempo?