LA IMPOSIBILIDAD DE SER CIVILIZADOS

Posted on April 28, 2014

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Los españoles lo tenemos shungo para ser civilizados. Por qué? Por la comida en movilidad. Así de simple.

Un guiri [vocablo utilizado en las naciones españolas para referirse, desde el respeto, a toda persona procedente de un país más rico que el nuestro -los pobres son moros o sudacas-] es omnívoro. Oséase, come de todo. En especial, mierda, que es la base de su alimentación.

Tú coges todo tipo de guarrerías [puerros, coles de Bruselas, cebolla, pollo y gambas, por ejemplo], las metes en pan de molde y las rebozas con mahonesa, y un guiri se lo zampa encantado.

Un español, por el contrario, es reacio a la ingesta de ingredientes difíciles de identificar. Con la excepción de la ensaladilla rusa que, no obstante, se sigue considerando algo de otra nación.

A un español dale un filete de ternera plancha [los profesionales dejamos elíptico el a la] o empanado; dale una pechuga de pollo con torreznos; dale jamón serrano con tomate y queso curado… Y dáselo metido en “pan, pan”. El de molde es una cosa repugnante que se moja y se reblandece.

Y luego está esa obsesión de los guiris por el pepinillo. A ver. Que me lo expliquen. No saben hacer un sangüis sin plantarle el pepinillo. El pepinillo va con una anchoa y/o boquerón, o no va. Ea!

Los españoles sustituimos eso por la cima absoluta de la gastronomía en movilidad: el pimiento verde frito. Tú le pones a cualquier bocadillo un pimiento frito y automáticamente sube de nivel. Vamos, que le agregas a una tortilla de patata hemorrágica de huevo un pimiento verde frito y ya se te puede poner delante anyelinayolí, que tú te atizas el bocata y luego ya veremos.

Y, por último pero no menos importante, están las formas. Un guiri engulle su sangüis repugnante a toda velocidad mientras hace fotos al museo de el Prado. Un español, para comerse un bocata, necesita su sillita [preferentemente en terraza], su botellín y su colega. Y, claro está, unos cuarenta y cinco minutos y su Lucky de después.

Nunca seremos civilizados. Mientras sigamos acostumbrando a nuestros hijos al pepito de ternera, al catalán y al bocadillo de calamares, siempre seremos los últimos. Ellos ya habrán llegado y nosotros estaremos terminando el cortado y mirando la última página del As.

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