FREE AS A BIRD

Posted on May 25, 2014

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PD: Es, de largo, lo mejor que ha hecho y hará jamás Hugo [si quieres disfrutar del post en su totalidad, te recomiendo que lo leas mientras escuchas esta canción]

Tiene la sonrisa fácil y le sesean los ojos cuando el sol la embosca en la terraza de su padre, selva vietnamita a la que te transporta con explicaciones de guía turística: Esta se puede comer, esta salió ayer.

Su mundo está partido en dos por todos los ejes. Para ella, el púrpura es tanto el leitmotiv de un clásico [tiene un criterio musical tan avanzado, que a veces asusta], como el color de las vampiresas que van al colegio.

Parpadea y convierte las hojas de un cuadernillo repleto de pegatinas en alas de jilguero que revolotean y juegan a posarse en los lugares más inverosímiles.

Mordisquea sin ganas la luna troceada que nada en un mar naranja, pese a la insistencia poco convencida y menos convincente de su padre. Para otras cosas sí le hace caso, como cuando le dice que se haga una coleta y ella llena de luz el mundo al levantar el telón de azabache y dejar que el sol se refleje en sus mejillas. Más tarde, rumia despacio una hoja de lechuga que agarra con la mano, porque los cubiertos son demasiado racionales, demasiado obligatorios.

Tiene, como testiga muda de sus ires y venires a una amiga casi de su tamaño, con piel de caucho y una vestimenta que se le derrama por el hombro hacia abajo, que mira con ojos absortos los discos que extrae de las costillas del salón para clavarlos en la rendija mágica que los hace sonar. Luego los deja descolocados, porque para ella eso no es crítico, por mucho que su padre se empeñe.

Con ella siempre hay sitio para una pegatina más, una risa más, un juego más. Finge miedo ante la amenaza de ser arrojada a un contenedor de basura, aunque quizá queda un fondo de verdad inconsciente y mentalista de lo que le deparará el futuro con respecto a sus ideas e ilusiones.

Se sienta con aires vangoghianos y goyescos en sillas y tumbonas, ajena a los peligros de las manchas, de los convencionalismos que mañana le harán perder el sueño. Y, a veces, flota por encima del aire, como si la hubiera pintado Chagall, una tarde de despiste.

A su alrededor, el mundo es tan rosa como su vestido. Y dan ganas de agarrarla por los hombros y gritarle que no se deje robar eso nunca, que nada ni nadie la impida ser como hoy: free as a bird.

 

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