EL MUNDO POR MONTERA

Posted on June 22, 2014

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Madrizzz, ciudad de clase media con ínfulas, se hincha de botox y maxfactor, desempolva el vestido elegante para las ocasiones, embadurnado de naftalina y cuelga de la pared del salón una enorme foto del niño que hoy hace la comunión o se va a la mili, tanto da.

Mientras los vecinos gorrones devoran mediasnoches de chorizo de Pamplona a dos carrillos y la tía rica cuya herencia nunca recibirá [por más que sueñe con ella] presume de collar de perlas, en la zona del servicio, suben o bajan [según desde dónde quiera uno mirarlo] las deudas contraídas con ese prestamista implacable tras su gesto sonriente y embaucador que es el libro de historia [el de verdad, no el escrito por los vencedores].

A la sombra de árboles raquíticos con pies mafiosos, se compra oro y se venden cuerpos con mayor o menor desparpajo; un coche de los municipales se pasea entre la fauna cual macho alfa impotente, ante la indiferencia de las hembras y los demás; remata la decoración costumbrista y anquilosada un guardia civil con bigote y tricornio en ristre, tan absurdo que parece de atrezzo.

Aquí las únicas banderas son camisetas futboleras adquiridas de forma impulsiva por guiris y paletos, sorteados con precisión de cirujano por los locales, siempre con rostro de fastidio, siempre con el postureo metropolitano del tuerto en el país de los ciegos.

Un poco más allá, las bolsas se arraciman en las mesas de terrazas de cadenas de comida rápida, espejismo de otros tiempos, otros cafés, otras tertulias en las que el fútbol no es que no existiese, es que no se concebía.

Los turistas se sientan a mirar la calle, incapaces de imaginar cuánta sordidez queda aún impregnada en las esquinas, como orines de perro cuyo hedor, por mucho que se intente tapar, se clava en el cerebro y no hay manera de extirpar.

Es la acera de enfrente de la acera de enfrente. Ese lugar infecto pero [o quizá debido a ello] cautivador, un paisaje del que no se puede apartar la vista por mucho que se quiera, como un cadáver o una vieja que se rasca el culo de forma subrepticia.

Cual capitán pirata, alegre sentado en la popa, Asia a un lado, al otro Europa y allá a su frente un Estambul de más lejos. Ni barco, ni tesoro, ni dios, ni ley. Patria de nadie. Sentenciada a muerte, se ríe de su propio destino, consciente de que su verdugo es también su cautivo.

Posted in: MADRID