ARRACIMADOS

Posted on February 7, 2015

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Al caer la noche, se arraciman a la entrada del intercambiador de Moncloa, ese resumen ejecutivo de la realidad de la villa y corte en ocho milímetros.

Lo llenan todo con sus ropas desordenadas, sus dientes de oro, sus joyas de baratija, porque en su vida todo es de pegamín.

Hablan raro y como discutiendo siempre. Como si se insultasen los unos a los otros. Los hombre fuman en la puerta. Las mujeres se adueñan de los bancos con un revoloteo de gallinero.

Miran con ojos oscuros, torvo el gesto, dolorido. Tal vez sean tiernos por dentro, pero por fuera son como los churros de los bares cercanos a la estación a esas horas: grasientos, malolientes y revenidos.

Quizá sea su manera de defenderse de una sociedad empeñada en cerrarles las puertas, que da miedo. No son los primeros ni serán los últimos. Burroughs, Sid Vicious y muchos otros lo hicieron a su manera. Pero, claro, eran “de los nuestros”.

O puede que sea su manera de hacerse notar, porque lo que más duele no es el hambre, sino la indiferencia. Hasta el desprecio es preferible.

Casi nunca hay niños. Se ve que es territorio adulto. Que no quieren que sean víctimas de la misma enfermedad que padecen los demás pero sufren ellos.

Me marcho y los dejo atrás. Arracimados en grupos. Con sus gritos, sus ropas, sus dientes de oro. Quién sabe dónde irán después. Tampoco en Madrid tiene el hijo del hombre donde reposar la cabeza.

Posted in: MADRID