QUÉ SOCIAL NI QUÉ SOCIAL!

Posted on May 20, 2015

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Madrid se derrite a chorretones hacia ese gran colector de demasiadas cosas que es La Moncloa [ahora Moncloa, desde que a algunos periodistas cursis les dio por sisarle el artículo y una legión de imbéciles les siguió el juego]. Las aceras son un museo viviente de profesiones al borde de la extinción: librero, dueño de tienda de discos [o emprendedor cultural, eso ya a gusto de cada quien], frutero… Y panadero. 

Llego cuando están abriendo, porque vienen importados de Segovia y hay mucho quehacer previo. Y uno, que es de natural anormal, va y pega la hebra, porque cuando se trata de pan, no hay prisa que valga. 

Hablamos de harina, de molinos, de siembra, de ese producto que se expende en gasolineras, supermercados y tiendas regentadas por personas de origen oriental, que no es pan, es otra cosa. Y se nos pasa el tiempo sin darnos cuenta, porque hay quien despacha y hay quien no. 

Ser panadero, pero panadero de verdad, hoy en día es casi imposible. Elaborar un pan con materia prima de calidad, sin recurrir al truco fácil de los “mejorantes” [tiene guasa el nombrecito que le dan a la química pseudovenenosa], es un anacronismo. 

Pero más difícil que eso es ser cliente. Decidir que es preferible un pan de calidad, que dura cuatro días o más por cuatro euros, que pagar cincuenta centavos por otro precocido y cargado de ingredientes cuando menos dudosos. Y, sobre todo, elegir la opción de charlar un rato con el artesano, arreglar el mundo, perder un autobús o dos, aprender, compartir…

Lo social no está en internet. Lo social no es contar tus tonterías a una audiencia tan vasta como falta de interés. Social es compartir un rato con alguien, hablar, escuchar, sonreír, quejarse. Lo social es ser panadero. Y ser cliente. 

Hoy me voy a comer un pan que sabe a orgullo, a manos, a molino y a tierra. Por internet ya lo compraré otro día. 


PD: y para que se vea que soy un tipo consecuente, lo publico en un blog y lo “comparto” en redes sociales. 

  
Un pan de amapolas de panadero de verdad y uno de leche mío. Se aprecia claramente quién es el profesional aquí…
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