Y DESPUÉS, QUÉ?

Posted on September 11, 2015

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Un fantasma recorre Europa, el fantasma de la solidaridad. Tanto, que hasta se contagia al otro lado del Atlántico. Y, mientras todo el mundo se felicita y se da palmaditas en la espalda [o sea, todo el mundo, menos los países pobres de nuestro continente, que lo viven de otra forma] a mí, qué quieren que les diga, lo que me recorre es un escalofrío la espalda.

Hablo con la gente y me dicen que lo importante es solucionar la emergencia humanitaria que vivimos en este momento. Voy a dejar de lado el hecho de que la situación no es coyuntural, ni de ahora, sino estructural y, por tanto, permanente en nuestra sociedad. Otra cosa es que no nos enteremos por dos motivos principales: que no nos afectan y que las zonas en las que suceden no cuentan con recursos naturales imprescindibles para la vida moderna. Vamos, que no ponen en peligro nuestro bienestar.
Recuerdan aquella historia en la que un grupo de comunistas están hablando de las medidas que van a tomar al llegar al gobierno? [Que nadie piense en posibles situaciones similares en nuestro país después de las elecciones, por favor]. Uno de ellos propone: socialicemos los camiones. Y todos están de acuerdo. Otro dice: socialicemos los coches. Y todos están otra vez de acuerdo. Un tercero sugiere: socialicemos las motos. Y uno levanta la mano y contesta: un momento, que moto tengo yo.

Pues es lo mismo. Hasta que el problema no le ha tocado las urnas a Merkel, mientras no se las aprieta a Obama, aquí no pasa nada. Y, como solo los incomoda ahora, aprobamos unas cuotas y todos felices. Qué buenos somos. Que venga James Stewart, por favor, que hoy toca milagro.

Pero y después, qué? Acoger a los refugiados es un analgésico que suaviza los síntomas, pero la enfermedad sigue allí. Hasta cuándo el primer mundo va a continuar ignorando los problemas que no parecen afectarlo? Hasta cuándo dará la espalda al hambre y las epidemias endémicas en zonas del planeta a las que no llegan los enviados especiales?

Y, sobre todo, qué sucederá cuando llegue la próxima ola de refugiados y Merkel y Obama tengan la excusa para no acogerlos [lo siento, aforo completo, vuelva usted otro día]? Las cuotas son la trinchera en la que se parapetarán los gobiernos, el argumento indiscutible: ya hicimos el análisis en su momento y no tenemos capacidad para más.

En el aire quedan cuestiones tan básicas como qué va a ser de los refugiados, si van a tener acceso a un hogar [mientras los “locales” son víctimas de desahucios, pensarán algunos], si van a recibir apoyo económico [mientras los parados de larga duración pierden sus subsidios, se lamentarán otros], si van a ser víctimas de la xenofobia y la incomprensión de sus nuevos vecinos y se verán obligados a abandonar su cultura y sus costumbres.

Les hemos dado el argumento y se lo hemos aplaudido. Hemos construido verjas abiertas y les hemos puesto siete llaves para cerrarlas bien cuando llegue el momento. Y, para los que se queden dentro, el futuro es menos negro, pero sigue siendo oscuro.
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