CATALUNYA MAYOR DE EDAD

Posted on October 1, 2015

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AVISO: se ruega a los del #pocosentidodelhumor que se abstengan de leer este post [y el blog en general]

Ustedes me perdonarán que yo siga con lo mío, pero es que tampoco se habla de otra cosa. Bueno, sí, de fútbol, pero como soy del atleti, ya entenderán que ese tema lo toque lo justo. 

Es que estaba pensando hoy que esto de Catalunya me recuerda un poco a ese momento dramático en el que un padre le suelta a su hijo adolescente aquello de mientras vivas bajo mi techo, harás lo que yo diga. [Que conste que digo padre, porque es una frase como más del género masculino, así como de testosterona. Las madres son más sutiles, más del rollo qué cabezotas sois los dos, de verdad, no podéis hablar las cosas como gente civilizada y dejaros de discutir? Lo advierto para que los carentes de sentido del humor me puedan tachar de cerdo machista -además de…-]. 

Y claro, eso funciona, pero no siempre o no en todos los casos. 

Porque llega un momento en que ese hijo adolescente alcanza la mayoría de edad, empieza a ganar su dinero [a veces, incluso más que los propios padres]. Y piensa, por qué tengo que estar yo aquí aguantando a esta panda y encima poner más dinero que nadie cuando lo mío me lo pago yo?

Entonces amenaza con su a que me voy? Pues vete, vete, ya me contarás cómo vas a a sobrevivir, si no sabes ni freírte un huevo [esto, como hombre que soy, siempre provoca una especie de estremecimiento de la fuerza a mi alrededor]. 

Por si fuera poco, también andan por ahí las abuelas, dando el coñazo. En este caso, en formato ex presidente [los ex presidentes también se parecen a las abuelas en que siempre una de ellas tiene una sombra que es bigote, pero no, o sí, no sé. Eso sí, pinchar, pincha] con su propia cantinela de si es que no sabéis educarlos, un par de azotes es lo que les hace falta a estos niños. 

En este tipo de situaciones, unas veces el joven [o la joven, en esto no distingo] se va y otras no. Unas veces con el tiempo todo el mundo termina por comprender al otro y se vuelven a celebrar las navidades juntos; y otras queda el resquemor para siempre. 

Yo no me atrevo a decir qué es mejor para los padres, para los hijos o para las abuelas [bueno, para estas sí, pero voy a respetar a los mayores]. Prefiero quedarme como el vecino cotilla, con la oreja pegada a la pared y susurrando hay que ver cómo están las cosas en casa de estos…

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