VAN MORRISON, REGRESO AL PASADO

Posted on November 11, 2015

0


Van Morrison – Circo Price [Madrid] 
No sé qué año era y, sinceramente, prefiero no buscarlo en internet para ahorrarme el disgusto. Lo que sí recuerdo es que éramos muy jóvenes, mucho. También recuerdo a a la policía disparando balas de goma a la salida, pero elijo pensar que aquella era otra España [aunque a veces no estoy tan seguro]. 

Fue nuestro primer concierto como dios manda. Nada que ver con los Nacha en Rock-Ola ni cosas por el estilo. Eran Police y tocaban en un estadio de verdad, o eso nos parecía a nosotros, porque aquello era un verdadero cuchitril. 

Ya digo que de todo eso hace varios siglos. Sin embargo, anoche Van Morrison me hizo revivir muchas de aquellas sensaciones. Entre ellas, la de ser uno de los más jóvenes de la audiencia, lo cual a mi edad es muy de agradecer. 

  
Tengo la suerte de asistir a muy pocos conciertos. Háganse ustedes una idea: el último antes del de ayer [aparte de bolos de amigos como Roberta Medley en garitos madrileños] fueron Arctic Monkeys en el palacio de los deportes. Eso me hace mantener la emoción por cada una de las ocasiones. Ya saben, el ritual completo de meses de empaparse las obras completas y el día D solo un disco, para no cansarse; revisar cómo han sido los anteriores de la gira… Para qué voy a seguir. 

Pero reconozco que lo de anoche de Van Morrison está al margen de todo esto. Al margen de mi devoción por él; de su capacidad para hacer lo que le da la gana, como le da la gana y cuando le da la gana. Y, sobre todo, al margen de la música actual. 

  
Viene con cuatro músicos y una vocalista [que también es músico a su manera, no crean que la menosprecio]. Un roadie que se pasea por el escenario como Pedro por su casa y un par de ingenieros de sonido. 

Y cómo suena!

Eso sí, menos los músicos y la cantante, lo cierto es que andan todos un poquito despistados. Tardar un minuto en darse cuenta de que algo se está acoplando [y casi cinco en solucionarlo] o que al batería se le ha caído el micro y está haciendo señas con el brazo, no es el colmo de la precisión. 

  
Pero es el precio que pagamos por escuchar un concierto como los de antes, con micros en los amplis y cables por todas partes. Un concierto sucio y simple, lejos de los excesos tecnológicos y la asepsia de los espectáculos actuales. 

Hablando de precio, a 150 euros la entrada, ya se pueden imaginar ustedes la audiencia. Ahí sí que nada tenía que ver con los viejos tiempos. Los litros de cerveza previos se cambiaron por vino de reserva y jamón ibérico. Y en lugar de dar brincos como locos, permanecimos sentados en nuestras localidades hasta el final, en que el patio de butacas se puso en pie [yo no lo hice, porque mi asiento suspendido sobre una barandilla de aspecto endeble me hizo mantener la calma]. Ese momento fue otro de los más absurdos de la noche, cuando media docena de guardias de seguridad salieron corriendo a interponerse entre el público y el escenario, como si un montón de cuarentones y cincuentones de clase media alta pidieran suponer algún peligro para un Van Morrison que había desaparecido hacía ya diez minutos, bien cubierto por sus músicos que nos deleitaron con uno de los mejores temas de la noche, como ilusionistas que desviasen nuestra atención del hecho de que la gran estrella había hecho mutis sin un mísero gracias. Algunos se enfadaron, será que no lo conocen.  

En resumen, un concierto espectacular desde el punto de vista musical. Un verdadero regalo. Tanto, que dan ganas de colgar la entrada en el corcho del dormitorio, como hicimos con aquella de Police.

Posted in: Uncategorized