De refugiados

Posted on May 4, 2016

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SilviaB, siempre dispuesta a pincharme entre las cejas con su visión crítica [se lo perdono, porque a cambio me da pases vip para su discoteca], me pide soluciones para la cuestión de los refugiados [insisto en negarme a calificarlo de problema].

Si no fuera por la tragedia que implica, me daría la risa. De verdad hay unos señores que se creen que la tierra es suya. Por creer, se creen hasta que el espacio aéreo es suyo! Me imagino a los pirineos retorciéndose entre carcajadas. En el mundo de la conexión constante, anytime, anywhere, with anyone, estos siguen viendo barreras entre los países, como si fueran aparcamientos de pago.

Aquí estamos todos de prestado, señores. No son ustedes los dueños de nada. No existen inmigrantes, ni refugiados, ni nativos, ni aborígenes. No tienen ustedes ningún derecho a limitar la libre circulación de las personas, que es lo que somos todos, como no lo tienen para limitar la libre circulación de las ideas.

Por cada metro de muro que construyan, llegará una patera más. Por cada metro más de alambrada, habrá una persona dispuesta a cortarla o saltarla. Incluso, a quedarse clavado en ella para que otros puedan pasar, por encima de su cadáver.

Los únicos culpables de la situación que viven los refugiados son quienes les niegan el derecho a una vida digna [se acuerdan de aquel papel que firmaron ustedes, en la ONU…? No, se ve que no les viene bien recordarlo].

Con el fin de impulsar el desarrollo económico en el primer mundo, los países grandes se han cargado el medioambiente y han provocado el cambio climático. Eso hace que millones de personas tengan que abandonar sus hogares en busca de una sola cosa: agua. Así de simple. Y ahora, quienes los abocaron a la muerte y la miseria, les niegan la ayuda.

Con qué argumento se justifica que a quien ha nacido de esta raya para acá lo ayude y al que está de esta raya para allá no?

A estas alturas de la película, ya deberían ustedes entender que la globalización es para lo que a ustedes les interesa. Pero también para lo que no les interesa.

Abran las puertas y ofrezcan las mismas oportunidades a quienes llegan que a quienes están. Porque debajo de un turbante, de un burka, de una sotana o de un traje a medida, siempre hay una persona. Y nada más.

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