TRUMP: HOMBRE RICO, HOMBRE POBRE

Posted on June 22, 2016

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Si Donald Trump llega a convertirse en presidente de Estados Unidos, podría considerarse una verdadera proeza. Y no por cuestiones ideológicas, obviamente, sino por motivos económicos y organizativos. Por primera vez en mucho tiempo, él es el “pobre”.

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Trump y su equipo no recaudan fondos. Y eso, en unas elecciones en las que el presupuesto es casi lo más importante, supone un grave handicap. Nunca antes un candidato a la presidencia había contado, en relación con su contrincante, con tan pocos recursos: económicos y humanos.

En total, el equipo de Trump ha recaudado 63,1 millones de dólares, frente a los 229,3 millones con los que se ha financiado, hasta el momento, la campaña de Clinton. De hecho, el candidato republicano no está en bancarrota, pero sí al límite. Ahora mismo cuenta con 1,3 millones en sus arcas; mientras que la demócrata tiene 30,1 millones disponibles para gastar.

 

La campaña de Trump está prácticamente en bancarrota

El mayor efecto de esta situación se refleja en los anuncios de televisión, una pieza clave en las elecciones en Estados Unidos: mientras que la ex primera dama ha invertido en el mes de junio 26 millones, él no ha emitido ni un solo spot desde que fue nominado como candidato a la presidencia. La compensación viene por la vía de su presencia en los medios, que los expertos valoran en 639 millones, por 275 millones de su oponente.

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¿Un negocio redondo?

Trump se ha pasado media campaña afirmando que iba a autofinanciarla [la otra media la ha dedicado a hablar de muros e inmigrantes]. Sin embargo, puede que esas donaciones se hayan convertido en un negocio redondo. Según la Federal Election Commission [algo así como nuestra Junta Electoral Central], las empresas y familiares del candidato recibieron en el mes de mayo 1,1 millones de dólares, en concepto de gastos de viaje y eventos. La información ha provocado más de una sorpresa entre los expertos, al tratarse de una campaña a punto de suspender pagos. Aunque algunos han recordado también la frase del propio Trump en el año 2000: “Es muy posible que me convierta en el primer candidato que gane dinero con su campaña”.

Las empresas y familiares de Trump recibieron en el mes de mayo 1,1 millones de dólares

En el área de personas, las cifras tampoco con buenas para el republicano. Mientras que él paga tan solo 69 nóminas, Clinton tiene contratadas a 689, diez veces más. Y, por si eso fuera poco, hace dos días, despidió a su director de campaña, Corey Lewandowski, el “novato” que nunca antes había participado en una elección a nivel nacional. Sus funciones han sido asumidas, casi en su totalidad por Paul Manafort, un clásico de las carreras presidenciales, que ya participó en la de Gerald Ford en 1976 y posteriormente en las de Reagan [1980], George Bush y Bob Dole [1988 y 1996]. Lewandowski era responsable, entre otras cosas, de la captación de fondos.

No todo es malo

Todo lo expuesto más arriba puede sonar a malas noticias para el neoyorquino. Sin embargo, un análisis más detallado, revela una verdad oculta. Mientras que la mayoría de los fondos de Clinton proceden de grandes contribuyentes [casi 148 millones, frente a los poco más de 40 millones que proceden de pequeñas donaciones], Trump ha conseguido que sean precisamente los más modestos quienes le provean del soporte económico necesario [10,5 millones de dólares, frente a 3,4 millones en aportaciones de sumas elevadas]. La lectura refleja, si no un mayor apoyo popular, sí una base de simpatizantes más activa y dispuesta a hacer un esfuerzo por apoyar su causa.

La radiografía de los datos de Trump se parece mucho más a la de Obama en su primera elección como presidente, que la de Clinton

No solo eso. Trump cuenta con más seguidores en redes sociales y más vinculados. Sus 9 millones de seguidores en Twitter, frente a los 7 millones de Clinton; y los 8,3 millones de likes en Facebook, frente a los 4 millones de la candidata demócrata, reflejan a las claras que los “fans” de Trump están dispuestos a ganar la batalla en los canales no tradicionales.

Aunque parezca difícil de creer, la radiografía de los datos de Trump se parece mucho más a la de Obama en su primera elección como presidente, que la de Clinton. A partir de ahí, que cada cual saque sus propias conclusiones.

 

 

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