RECUPERACIONES

Posted on August 1, 2014

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Durante mucho tiempo, me pasé los veranos preparando las recuperaciones de septiembre. Me han contado que ahora no va así. Que unos señores de bolonia han decidido que se recupera en julio, me parece. Para mí, bolonia es mortadela y una playa estupenda en la que escuchar a kiko veneno.

Anoche tuve que hacer un viaje. No era una locura, pero sus cinco horas se llevaba. Además, iba solo. Como tengo un coche que sólo lee cedés, nada de emepetrés ni cosas de esas [es muy pureta], eché mano de lo que va quedando por casa, que no es gran cosa, la verdad.

Hace un tiempo, no sé especificar cuánto pero tampoco creo que sea relevante, compré una cajita. Cada uno tiene sus debilidades. La mía [una de ellas] son las cajas pequeñas con muchas cosas dentro. Esta contenía siete discos de bruce springsteen. Qué cosas, no?

Uno de ellos es nebraska.

A mí springsteen me gusta como el melón, por temporadas. Este año he pasado bastante tiempo enganchado al London Calling. Me parece un pedazo de show, con unos señores sesentones que pueden dar clases de muchas cosas a mucha gente.

Pero nebraska hacía fácil veinte años que no lo escuchaba.

Es curioso cómo funciona el cerebro humano. Antes de ponerlo, no creo que hubiese sido capaz de identificar más de dos canciones: johnny 99 y state tropper [si ese es el título].

Pero, en cuanto empezó a sonar, recordé cada acorde, cada letra.

Lo primero, después de la música, fue el tacto de la tela que protegía los altavoces de casa de mis padres. Teníamos un aparato maravilloso. Podías poner un montón de discos encima del brazo y, cuando se terminaba uno, dejaba caer el siguiente. Siempre me sorprendía eso.

Luego vinieron el crujido de la aguja antes de empezar la primera canción. Ese desgarro en el pecho que producía un golpe desafortunado al brazo. El olor de los álbumes en los que nuestros padres guardaban sus grandes éxitos.

Durante un rato, volví a asomarme por debajo de la puerta del salón para tratar de descubrir los regalos de reyes antes de tiempo.

Pude escuchar perfectamente en mis oídos el plom sordo y apagado que producía la tapa de plástico duro y transparente cuando la dejabas caer. Aunque puede que eso fuera del equipo nuevo, no del antiguo.

A veces, ponías un single a treinta y tres errepeeme y sonaba como si estuviesen dormidos. O un elepé a cuarenta y cinco y parecían los pitufos.

Por último, me di cuenta de que nebraska es una joya, una f***in’ obra de arte.

Era de mi hermano. Me flipaba la portada. Ahora, como es más pequeña, no impresiona tanto. Pero sigue siendo bonita.

Supongo que ya entenderás por qué me gustan tanto las cajas pequeñas con muchas cosas dentro.

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