TENEMOS UN PROBLEMA (Una novela por entregas del siglo XXI) #6

Posted on April 11, 2012

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Por mucho que se quejara, Pepe Maraña no dormía bien sin su mujer al lado. Parecía mentira que la echara de menos, toda la vida soñando con una semana como esa, pero era así. La cama entera para sí mismo le parecía demasiado.

Miró la hora en el reloj de la mesilla. No era tarde. Descolgó el teléfono y llamó. Su mujer casi se muere del susto.

Ha pasado algo?
No, mujer, qué ha de pasar…
No sé, como tú nunca llamas por teléfono… -A Maraña no se le había ocurrido ninguna excusa para llamarla. Pero tampoco quería decirle que la echaba de menos. Al fin y al cabo, uno es un guardia civil siempre, qué coño!
Para ver si habías llegado bien, si la casa estaba bien y eso.

Se quedó escuchando cómo su mujer se quejaba y protestaba. Que si todo era un follón, que si la casa estaba como una cuadra y se iba a tener que matar a limpiar, que si colocar todo lo que habían llevado los de la mudanza era un lío…

Bueno, mujer, pues que te eche una mano tu hermana, no?
Sí, claro, para echar manos está mi hermana. Menudo lío que tiene.
Y eso por qué?
Nada, el imbécil de su marido, ya te contaré –Maraña sonrió. Nada que le contasen de él podía sorprenderle ya. Lo que no entendía era cómo conseguía salir reelegido de alcalde una y otra vez.
Y por ahí, qué tal todo?
Bien, como siempre, ya sabes. Los chicos andan planeando una fiesta de despedida, creo.
A ver qué haces, eh? No te pongas a beber, que tú no tienes costumbre.
No te preocupes. Ya no estoy yo para tonterías.

Se despidieron sin más y Maraña se quedó como un tonto, mirando al teléfono. Le hubiera gustado darle las gracias por todos esos años a su lado, aguantando los traslados, el miedo, aquel 23-F en el que tan mal lo pasaron los dos. Quería decirle lo importante que había sido y era en su vida, decirle que la casa estaba triste sin ella. Tal vez lo que quería decirle era que la quería, pero eso no encajaba en la forma de ser de José Vicente Maraña, comandante de la guardia civil.

Sintió el impulso de llamar a su hija, preguntarle qué tal por Madrid, si necesitaba algo. Hasta si estaba bien el gilipollas ese con el que vivía….

Me hago mayor –se dijo a sí mismo en voz alta.

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